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martes, 11 de agosto de 2009

Me la mandé!

Gente que busca gente: acabo de comprobar que soy una papelonera crónica. Que tengo la habilidad de meter la pata de una manera astronómica. Que puedo quedar dibujada sin importar el lugar en el cual me encuentre.

Como durante todo este tiempo estuve muy ocupada escribiendo en mi blog boludeces del tipo: "Amo a J", "Anoche soñé con J", "J no me quiere", "Volvió J" " Y J la verdad que no era taaaan bueno en la cama" (ups, eso se me escapó), nunca salió a relucir mi verdadera personalidad, ergo nunca se enteraron que soy una metepata de primera. Graduada con Honores. Con MBA y todo.

Yo soy la que se cae de la escalera del subte/tren/colectivo/carreta/sulqui y/o cualquier medio de transporte que circule por las calles/bajo tierra/ por el aire/ etc etc.

También soy la que ajusticia a falsos rengos de mierda, a viva voz, con el tren lleno y todos los ojos puestos en ella.

Pero hoy me gradué. Hoy llegué al extásis de mi carrera paperoneril (se entiende lo que quise decir?).

Esta individua se encontraba en la gloriosa Administración Federal de Ingresos Públicos, luchando contra una horda de empleados públicos tomadores compulsivos de te barato. De repente, la pantilla mágica muestra mi numerito, y ahí me levanté yo con mi mejor cara de buena que lleva escondida una perra en su interior.

Tratando de sociabilizar con la tomadora de te que me estaba atendiendo, elogié su pancita de embarazada. Para que se sepa: no eran una pancita chiquita, era una señora panza. Para mi que ahí adentro había un infante de añito y medio promedio, luchando por salir desesperado. Pero no hombres y mujeres. No había un infante. Ni siquiera un bebé. Tampoco un embarazo psicológico.

La tomadora de té, con una cara de tuje de aquella, me informó que tenía un problema renal y por eso acusaba esa panza. Y me lo dijo mal. Y tuvo razón...

En ese mismo instante, yo sentí arder el fuego en mi interior. Y sentí que el fueguito se extendía a lo largo de mis cachetes, subía por el resto de mi cara y hasta me quemaba el pelo.

Como se imaginarán, no terminé el trámite, es más casi ni guarde mi carpeta llena de papeles y salí rauda de ahí, cargada de bultos y perdiendo las cosas por el camino.

Yo me pregunto: quién carajo me mandó a abrir esta bocota que tengo?? Por qué no aprendo a ponerme un filtro eh eh????

Señores, de ahora en adelante ni pienso volver a expresar mi opiniones, pareceres, ideas y demás en voz alta.

Esta servidora cierra el buche! He dicho.

jueves, 6 de agosto de 2009

Contra el mal... la solitaria!

Esto lo tengo que contar. Me provoca una sensación embarazosa, pero sino lo hago no podré dormir por los siglos de los siglos. Sin embargo, para que entiendan mi relato,debo remontarme unos meses para atrás.

Corría el mes de marzo y una solitaria cansada y agotada de trabajar cual peruano (con todo respeto eh!) en taller de costura había logrado sentarse en un asiento mugriento del pintoresco ferrocarril Roca. A todo esto, eran las 22.00 horitas de una noche húmeda y calurosa, o sea que quién escribe había trabajado unas 12 largas horas.

En un momento dado, se acerca un individuo rengueando y me pide el asiento "porque soy medio discapacitado yo, vistes??" y solitaria cual persona educada se lo cede.

De más está decirles que viaje toda amatambrada, parada sobre unos tacos altísimos y cargada de papeles, pero en el fondo (muuuuyyyy en el fondo) me sentía feliz por haber hecho mi buena acción del día (mentira estaba puteando al rengo, pero no digan nada).

Luego de 40 minutos de quetrén quetrén, el bendito transporte llegó a destino. Y el rengo puto se levantó del asiento y salió... corriendo. Sí, corriendo. Y sí, sin renguear. Me sentí la reina de las imbéciles, of course. Y más imbécil me sentí cuando el rengo de mierda se me rió en la cara.

Pero todo pasa, y los meses pasaron también. Y como una broma del amargo destino traicionero (que nivel!) ayer el rengo de mierda y yo nos volvimos a cruzar. Cara limpia (mía) a cara sucia (de él).

El muy zápatra estaba repitiendo su numerito de rengodemierdaquenopuedecaminarbien con otra incauta. Y juro que mi bocota y yo no pudimos contenernos, y al grito de "vos sos un mentiroso rengo de mierda!!!!" le descubrí el pastel. Así adelante de todo el tren. Así de desubicada.

Pero en lo más intimo de mi menudo ser sentía que me tenía que vengar del rengo de mierda. Por mi y por todas las que, tan idiotas como yo, caímos en la trampa del sucio este.

Así que anoche, gracias a mi, una dama (que debo decir tenía una cara de traste de aquellas) viajó sentada sin que ningún falso rengo se haya interpuesto entre el confort de los asientos del Roca y ella.

Que grande la soli, otra que la mujer maravilla!!!